L. García Sánchez-Berbel
(El autor)
Trilogía de El Centenillo
(Ficha Técnica)

El Centenillo. Un pueblo andaluz y minero

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El Centenillo. Un pueblo andaluz y minero.

La primera parte del libro está dedicada a la actividad minera de un pueblo que desde tiempos prehistóricos fue importante por la riqueza de sus minas. Desde los iberos (20 siglos a. C.), tartesos, fenicios, griegos, romanos, ingleses y franceses obtuvieron pingües beneficios de las riquezas que allí existían. Filones como el mítico pozo Mirador, Santo Tomás, Águilas, Pozo Nuevo, Cerrillo del Plomo ya fueron explotados por los romanos.

Se han encontrado en estas minas cerámica muy tosca de la época prehistórica con plomo fundido en su interior, como restos de los iberos, continuando con numerosos y valiosos tesoros hallados de épocas posteriores como un bajorrelieve romano encontrado en la mina de Palazuelos, en "gris rose" que representa a una cuadrilla de mineros y que hoy se expone en Berghan-Museum de Bochum (Alemania).

En este pequeño libro se destacan todos los aspectos, por los que con razón se dice que "El Centenillo, es un mundo aparte".

Después de un largo periodo en que desapareció la actividad minera, llegaron los ingleses en 1828 y en su etapa de explotación se produjo en 1874 un hecho sin duda memorable por su singularidad, el secuestro de Mr. Arturo Hasselden, director de las minas, por un grupo de bandoleros andaluces, como: El Torero, El Pipiolo, El Sobrino del sillero de Valdepeñas y El Andaluz entre otros, que tras atracarle y detenerle camino de Linares, se negó a firmar su rescate por 50.000 libras en oro. Le retuvieron 11 días por los distintos parajes de Sierra Morena hasta que llegaron 5.900 libras esterlinas que sin duda se repartieron. Este caso sin resolver terminó en el Parlamento ingles. 

Yacimientos importantes, como el Cerrillo del Plomo, La Fabriquilla, La Tejeruela, El Pozo Mirador del que eran extraídas 5.000.000 de toneladas entre los años 1897-1963 daban vida a El Centenillo y cuyo castillete se conserva en el patio de la Escuela de Ingenieros de Minas, en Madrid. 

La vida, a 13 kilómetros de La Carolina iba integrando a sus habitantes y aislándolos cada vez más de Baños de la Encina, municipio al que pertenecían y al que estaban unidos por un camino de 40 kilómetros a través de la sierra, de la que después de muchos avatares conseguirían la segregación.

La vida en el Centenillo se desenvuelve entre el Casino, el huerto y la caza, lo que sin duda contribuyó en buena medida al desenvolvimiento de la vida cotidiana del minero.

A los trabajadores que lo solicitaban se les entregaba un huerto en arrendamiento por el simbólico pago de una peseta anual. Esto, con la facilidad de cazar  (liebres, perdices, conejos, pájaros, algún ciervo o jabalí), que complementado con frutas y verduras y unido al aceite de oliva, las recetas de los distintos puntos de sus trabajadores daban lugar a platos tan dispares como el pisto manchego, las migas, los gurullos el cocido o el gazpacho. El vino era acarreado desde Calzada de Calatrava por Antonio El Cristo, padre de Antonio El Vinatero, a su vez padre de Pedro Almodóvar.

Si efectivamente "El Centenillo es un mundo aparte" sin duda alguna que es por la singularidad de sus habitantes como se demuestra en "Personajes por un día". Entre ellos está la figura de Don Andrés, párroco del pueblo, afable con los feligreses y con los que no lo son, hombre de bien, de templado corazón y de dadivosa mano que aparte de jugarse la partida de mus, a veces tuvo que ejercer otras actividades no muy católicas, como la que utilizó cuando queriendo gastarle una pesada broma tuvo que expulsar de la forma más expeditiva la entrada de un jumento en la iglesia. Personajes hay muchos y dispares, merece la pena que lo lean.


El Centenillo. Historia de las explotaciones mineras El Centenillo.Documentos
y estampas de un coto minero